Hamburguesas de Florida
(¿te acordas juanca?)
Juan Carlos Braida, mas popularmente conocido en pagos de
Sosa Dias como "El Matufias"
personaje de esos singulares que solo hay uno cada tanto.
Siempre con su
sonrisa como pintada en el rostro, mi primo y compañero de mil salidas.
Recuerdo entre
(otras tantas) un Domingo de tarde, salimos en moto con direccion aa una fiesta
en una escuela rural en "La Palmita" ruta 11 km 155, cerca de
Atlantida, lugar éste que quedaba a unos 7km de las casas.
El Matufias, mi
primo Pablo, Anibal y yo, ya estando en la escuela y habiendo tremenda
festichola, se nos dio por arrancar en nuestras motos con dirección a la ciudad
de Tala, distante a unos 70km de ahí. No recuerdo de quien fue la idea, pero
hubo cuorum y salimos en dos motos, Anibal en su moto Suzuki GP 125 llevaba a
Pablo y yo en mi Kawasaki KH 100 de color amarillo y muy deteriorada, llevaba
al Matufias conmigo.
Al llegar a la
ciudad de San Jacinto, hicimos el primer alto a llenar los tanques con nafta.
Todos veinteañeros y de campaña y que el viaje mas largo en moto que nos
habíamos mandado era a Pando (10 km de nuestro natal Sosa Dias) aquello ya era
una aventura. Además del hecho de "andar en moto" el viaje aquel no
tenía otro propósito o destino fijo, pues al llegar a Tala, (sin saber aún el
por qué del viaje) decidimos, (luego de volver a llenar los tanques de aquellos
monstruos cancerígenos con nafta) salir
con rumbo a Fray Marcos.
Domingo de
tardecita, ruta nacional numero 7 desolada, solo cuatro alocados amigos en sus
motos rumbo a la nada.
Todo nuestro afán
era andar en moto, puesto que al llegar a Fray Marcos, entre votos a favor y en
contra decidimos seguir con rumbo a Casupá.
En Casupá, tierras
de la familia Artigas, donde aún hoy se conservan las antiguas mangueras de
piedras del casco de la estancia de Artigas y donde ahora funciona un camping y
una asociación tradicionalista llamada "Mangueras de Artigas". Volvimos
a completar los tanques con nafta... y seguimos por ruta siete ahora ya sin
rumbo.
Muy lejos ya del
pago, de noche, pero aún con ganas de andar en moto a gran velocidad, nos
encontramos de pronto con una curva en S mal señalizada y con un cruce de
ferrocarril, ese fué el primer susto que nos llevamos, puesto que los cuatro
locos aquellos en sus motos casi enderezaron
la curva aquella. Paramos a reponernos del susto y fumar un cigarrillo
el Matufias y yo, porque Pablo y Anibal nunca en su vida han probado un
cigarrillo. Él fue quien me enseño a armar tabaco. Quizá esos cigarrillos que
nos fumabamos a escondidas de los viejos de mas gurises y el ser casi de la
misma edad era lo que nos hacían compañero de viaje y de vida.
Seguimos adelante
nuestro insólito viaje aun por ruta 7, cuando a lo lejos se veían las luces al
parecer de un pueblo del cual ignorabamos su existencia. Cuando las luces y el pueblo fueron una
realidad tangible, viajando como decíamos nosotros "al mango" en las
motos, nos encontramos de pronto, a la entrada de aquel pueblo (para nosotros
aún sin nombre) con un lomo de burro,
sin pintar puesto que había sido hecho unas 48hs antes y sin ninguna
señalización, a mas de 100km por hora, nos vimos sorprendido por ese monstruo
negro atravesado en la ruta como un árbol caído. De inmediato el rechinar de
las cubiertas producido por el bloqueo de aquellos frenos se sintió de seguro
por todo el pueblo. -Nos matamos- gritó el Matufias un segundo antes de saltar
en moto por encima de aquella lomada... Aquel viaje se había convertido de
pronto en toda una aventura, con un par de buenos sustos incluidos. Cualquier
persona normal, luego de eso y estando a mas de 150km de su casa y de noche se
hubiera dado vuelta, pero como normalidad no era la palabra que nos definía,
decidimos parar en el pueblo, para saber su nombre, que luego nos dirían era
Reboledo, y preguntar por la ciudad mas cercana para avanzar en ese viaje sin
rumbo. Un parroquiano nos dijo que lo mas cerca que había de ahí era la ciudad
de Florida, que tomáramos a la izquierda por ruta 56 y ahí le diéramos
derecho... Cada vez habían menos votos a favor, entonces el Matufias y yo dimos
una especie de "golpe de estado" y decidimos seguir con dirección a
Florida.
Al entrar en la ruta
56, nos percatamos que su nombre se debía a que esa era la distancia exacta
entre la ruta 7 y la ciudad de Florida, 56km.
Seguimos nuestro
viaje (el mas maravilloso en cuanto a aventura que he realizado en mi vida) y
al llegar al cruce de las rutas 5 y 56, entrada a la ciudad de Florida, paramos
en la estación Ancap a saciar dos bocas sedientas de nafta supra de 95 octanos.
Ya muy entrada la noche, y con mas de 200km de moto realizados en un rato,
decidimos por unanimidad dar punto final al viaje, no sin antes recorrer el centro
de la ciudad. Al llegar a la plaza de Florida, paramos en un carrito de comidas
al paso y comimos una hamburguesa al pan cada uno. Luego emprendimos el retorno
volviendo tras nuestros pasos.
Siempre que nos
preguntábamos ¿a qué fuimos hasta
Florida? la conclusión a la que llegábamos es que el propósito fue comer una
hamburguesa al pan. Y aunque sin dudas fue la hamburguesa mas cara que he
comido, aún hoy conservo en mis retinas el recuerdo fresco y mis papilas
gustativas parecen saborear aún la salsa ketchup de aquella hamburguesa que
comimos en Florida.
Juanjo Braida 2012