El diálogo.
Miré sus ojos un instante,
y comprendí la natural reacción,
nuestro silencio,
que lejos de estar vacío,
nos llenaba de respuestas,
que como filosas palabras,
fugaban de nuestros ojos.
Tan sólo una mirada,
una pícara caída de ojos,
bastaba y colmaba,
dejaba fluir un canal
amplio, intenso y puro
de preguntas y respuestas.
Juanjo Braida 2012