martes, 5 de febrero de 2013

La partida.

La partida.

Cerré la tranquera,
en silencio caminé
y al montar atrás dejé
mi errante destino,
gané el camino
y ya no volví a las casas.
Ahí quedaron los viejos,
esperando mi regreso...

Mi abuelo, en su sillón
con su Spica en una mano,
miraba con desgano
y al ver que yo me alejaba
en silencio y a escondidas
una lágrima soltaba...

Mi abuela, vasca dura,
me daba un beso de madre,
secaba el llanto en su pañuelo
y abrazada de mi abuelo
tiernamente me miraba...

Yo salía hacia mi destino,
niño hombre buscando cielo
y jamás hallé en cielo
la paz que dejé en el nido.

El tiempo pasó,
yo armé como el hornero
nido cálido y mío,
y el pampero del tiempo
volteó la rama
destruyéndose mis ganas,
mi amor, mi vida y mi nido
la ilusión se volvió olvido
y el ayer se quedó en ganas.

Cuando vuelvo por las casas,
como buscando un consuelo,
veo taperas,
andrajosas ruinas sin gloria...

Mi abuelo ya no está,
mi abuela me observa,
me desconoce,
por áhi se acuerda y se enoja,
me resonga un rato,
luego me besa y llora...

De ahí en más
no me gusta ir a las casas,
ando chúcaro y matrero,
perdido y sin rumbo fijo,
en mi pago forastero
y forastero ande vivo...

Quizá güelva resinao
un día pa la querencia,
o quizá siempre sea ausencia,
eso lo dirá el destino,
por ahora sigo el camino
de la senda que recorro
y a naides pido socorro
aunque ande sólo y perdido...

Juanjo Braida 2013