Comenzar a disfrutarme a mi mismo, un proceso lento pero seguro hacia la no dependencia emocional. Nadie sabe más de mi, ni conoce mis gustos mejor que yo. Es hermoso hacer lo que uno siente ganas de hacer y sin dejar de ser compañero, respetarse los tiempos, los silencios y los espacios de cada uno. Y gracias a eso, volverse a elegir. Que estar con el otro sea un disfrute y no una necesidad. A estas alturas no puedo permitirme siempre conformarme con ser lo que a los demás le gustaría que fuera. Soy como soy, con mis defectos y virtudes. Quién ama acepta al otro tal cual es, querer cambiar a alguien es como intentar apagar el sol de un soplido. Aprender ésta lección me costó mucho, aceptar que no siempre se tiene lo que se quiere y que la libertad de uno termina donde comienza la de los demás, es el mayor aprendizaje de estos últimos tiempos. Agradezco a todos quienes intentaron ponerme limites, Aveces con éxito, otras no tanto. Ell@s me han enseñado la lección más grande que pude tener, respetarme a mi mismo. Ninguno de nosotros vino a este mundo a complacer a nadie más que así mismo. El respeto es quizá sin dudas el mayor gesto de amor. Y a pesar de lo antes dicho es bueno aclarar que aún nos seguimos eligiendo, cada quién con su vida, cada quién como individuo y los dos siendo uno cuando elegimos estar juntos. Cuando el amor duele no es amor, por eso hagamos que no nos duela. Construyamos una relación de cimientos fuertes, de lo contrario estaremos destinados al fracaso.
Hoy tuve un día espectacular, desde el amanecer hasta este momento en que mis ojos se cierran pensando en que mañana debo trabajar y encarar todo lo atrasado. Por eso, cuando caigo en cuenta que la vida es un constante aprendizaje, veo en cada aparente fracaso una invitación tangible a la superación, al crecimiento personal. Los mayores errores que he cometido, se basan en tres cosas, 1: no hacer acatado limites, 2: no haber puesto limites, y 3: pensar erróneamente que l camino a la felicidad estaba complaciendo siempre a los demás para lograr su aceptación. Gracias a esos tres errores complique cosas simples y magnifiqué cosas insignificantes que hoy día aún me siguen estorbando en mi objetivo vital: vivir en armonía conmigo mismo para lograr la felicidad, que en definitiva,no es más que el compromiso propio consigo mismo. Yo soy, yo valgo, yo puedo.
Juanjo Braida 2013®