Encuentros.
Recorrer su cuello,
con milimétrico deleite,
verle respirar agitada
y estallar en júbilo al beso
que dejo caer ligeramente
sobre el nódulo de su oreja.
Le miro extasiada
y sin distraerle,
acaricio su espalda
sin mas anhelo que verle.
Cuando al fin el fuego cesa
y firmamos la paz
en un abrazo fraterno,
comprendo el coraje mío
de enfrentarme con su cuerpo.
Esa mágica batalla
donde el amor es trofeo,
acaba en un abrazo,
luego duermes en mi pecho.
Sigo observándole en silencio
escuchando latir sus sueños,
mientras me fumo en secreto
el final de nuestro encuentro.
Juanjo Braida 2013
