viernes, 6 de septiembre de 2013

Su fantasma.

Su fantasma.

Me encendí otro cigarrillo, levanté la mirada y ahí estaba. Como un reflejo que encima de mi cama, entre el techo y mi corazón, me invitaba a conversar a solas...
Y no era mas que una mancha. Gris, tenue, pálida, como un recuerdo lejano.  Le contemple unos instantes, mordí mis labios para no hablar y apreté con fuerza mis manos para no abrazar esa etérea imagen.
Ya no estás, ni tu, ni tu blusa rosa, ni tu cepillo de pelo. Eres solo un terco y obstinado recuerdo que asiste a mi encuentro, a torturarme, acortando mis horas de sueño.
Ya no están tampoco tus discusiones sin tiempo, tus argumentos gastados, y faltan también tus besos, que aunque de pobre amor, cubría mis labios con ellos.
Pero en cambio, irónicamente, se pobló de soledad mi cama y mis noches. Invadieron desgarrando las ventanas de mi pecho, unas ganas de no verte ni siquiera en mis recuerdos.

Juanjo Braida  2013