Apología de la metamorfosis.
Hoy mi corazón sediento, bebió con desesperadas ansias, agotó de un sorbo su cariño nuevo.
El mar, mis ganas y ella -a un mismo tiempo- se hallaron. Recorrí palmo a palmo su cuerpo, homenajeando con besos su divina inocencia.
En delicadas caricias ardieron las almas, los cuerpos -excitados vehículos- volaron mas allá del infinito.
Sus pechos, tersos motivos de mi deseo, aceptaron erizados los besos (que frenéticamente suave) caían sobre ellos y una fina lluvia de verano, humedecía en sudor y placer nuestro improvisado lecho a orillas del río.
Nada importaban las inquisidoras miradas de las estrellas -que celosas- susurrabanle a dios de nuestro carnal encuentro, de nuestro mortal pecado.
Lujuria, una palabra que se hacía pequeña ante tanto deseo, desenfrenado, primero...
Sobre mi cuerpo, tu -diosa pagana de mis fantasías- rompiste la reglas estúpidas del pudor y la moral. Dejaste fluir tus ganas, instintos humanos reprimidamente ocultos, que ahora libres, convirtieronse en delirio, amor y pecado.
¿Qué dios -hombre o mujer, casi humano al fin- podría castigarnos? Si todo lo que sentimos está en comunión con nuestro ser. ¿Será acaso tan sádico este "bendito señor"? que al crearte hermosa, colocando en ti y en mi un millón de sensaciones tan vívidas nos castigará por sentirlas...
Si así lo fuera, esta noche hemos sido herejes, hemos pecado con vehemencia y en reiteración real.
Condenadnos "buen dios" y en minúsculas escribo tu nombre, pues no mereces (en tu cobardía) lo escriba en mayúsculas. Si hasta el propio mar aceptó de buena gana nuestra unión y en sus aguas se esparcieron las semillas de este amor. Hasta la luna, salio detrás de las nubes para vernos.
Con el último destello del lucero se rompió el hechizo y solo las huellas de nuestros cuerpos en la arena quedaron como evidencias.
Al primer rayo de sol, marchamos cada quién a su nido, esa fue la primera vez que tu, -mariposa recién salida de tu oruga de niña- pudiste volar de noche.
Juanjo Braida 2013©
