miércoles, 20 de noviembre de 2013

Mi abuelo se equivocó solo una vez.

Mi abuelo se equivocó -solo una vez-

Hijo de los barcos que huían del hambre y la guerra, mi abuelo pescador nació en ésta tierra (Uruguay) allá por 1926.
como a todos los grandes hombres, su vida no le fue fácil, cuando apenas se hizo muchacho -escasos 18 años- debió hacerse cargo de su madre y su hermana cuando su padre voló eternamente a su cielo de Italia. Tres cuadras de fértil tierra, escolaridad completa (algo inusual en su época) y una inteligencia privilegiada fuero todo lo que de él heredó, y no era poco!
Aquél criollo trabajador, golero de vocación, pescador de sueños y artesano bodeguero, vivió siempre a orillas del río cada Domingo.
Mi abuela, Peñarol -club de fútbol de Uruguay- y yo (aunque ignore el orden que poco importa) puedo decir que fuimos sus tres grandes pasiones.
Mi abuelo pescador tuvo la fortuna de vivir como quiso hasta que pudo. Soportó con amor a mi abuela vasca, su mal humor, su pesimismo. no han visto mis ojos amor tan intenso, tan raro y tan grande. Tuvieron tres hijos y criaron tantos otros mas que ni siquiera recuerdo cuantos.
Cuando el cáncer le robó a uno de ellos, -hijo sanguíneo- la vida me llevó a sus brazos como alivio (supongo) a tanto dolor. Proyectó en mi todo lo que no pudo disfrutar en su joven Juan Ramón.
Desde que tengo memoria, los Domingos mi abuelo me llevaba a pescar. Él me enseñó ese amor libre que vive a orillas del Río de la Plata. Lo conocía como pocos, jamás volvíamos sin pescado, no había Corvina que se resistiese a su encanto, como si embrujara el anzuelo.
A ocasiones, en Agosto, abandonábamos el río e ibamos a la Laguna del Sauce en busca del Pejerrey. Un Domingo de estos, de camino a la laguna, a orillas de la ruta 9, escuché a mi abuelo equivocarse -por primera y única vez-. Era yo un niño de unos 8 años y recuerdo claramente ver entre las piedras que un pequeño y sufrido arbolito hacía fuerza por existir, mirando aquella ramita de tristeza entre la gran roca mi abuelo dijo: "ese arbol no va a crecer", esa fue de hecho la única vez que se equivocó mi abuelo.
Año tras año, cada Domingo de Agosto veíamos aquel arbolito crecer. Yo bromeaba y decía -te equivocaste abuelo-. El reía, tal vez, ese sufrido árbol, le recordara sus inicios, la pobreza de sus primeros años, la árdua lucha por llegar a ser el exitoso hombre de bien orgullo del lugar.
mi abuelo pescador poseía la cualidad de las grandes almas, era capaz de aconsejar sin palabras, le bastaba una mirada y de predicar siempre con el ejemplo, quizá por eso siempre le necesite tanto...
Mi abuelo se fue un 2 de Noviembre hace ya unos años. Pero aun está conmigo, aun pesca en su río, me ayuda a encarnar el anzuelo, se enfada ludicamente si vuelvo sin pescado. Mi abuelo pescador, sigue escuchando a Kesman, putea si pierde su amado Peñarol, sigue podando sus manzanos y sus viñas, sigue haciendo aun ese vino que jamás pude volver a tomar.
Hoy pasé por la ruta 9, ya no era un solo árbol, eran dos... como si su alma solitaria hubiera parido un hijo que siguiera el ejemplo suyo de sufrir y luchar. Sentí eramos nosotros aquellos arboles. Le dije una vez mas -te equivocaste viejo-, oí su risa como siempre y seguimos rumbo a la laguna. Nos sentamos en la orilla y caña en mano esperamos el Pejerrey.

(En homenaje a ese abuelo "padre" Don Mario José Braida Gallo. Te amo y aunque te necesite mucho no te extraño, pues en mis horas oscuras tu luz me mantiene a salvo.)

Juanjo Braida 2013©