Compañera -te decía-
y en arrogante cobardía
sin mas razón que tus ganas
y armada de infantiles caprichos,
congelaste nuestra cama.
Solo dejaste en tu huida
el maldito colchón gastado,
manchado en voraces pasiones
y una heladera llena
de sueños sin cocinar.
Que pena no tenerte en el nido
como antes, como nunca, compañera...
La que quería y quiero
-quizá- se fue antes que tu.
Lamento en el alma amor mío
no haber podido ser "eso" que querías,
mas aun, mi culpa lamenta
ignorar que quería que fuese.
De saberlo mi vida,
seguiría en agónica metamorfosis
el rumbo de tus anhelos cambiantes.
Confieso que desde anoche
dos tristes damas se acuestan conmigo.
Ojalá no les conozcas nunca,
me dolería en el alma tu dolor. Ausencia y Soledad -desde anoche-
son mis peores y mas fieles compañeras de cama.
Te envío la luz de mis ojos
en un beso de amor vida mía,
hermosa dama invisible.
Hoy, todo el día a torrentes
han llovido mis ojos por ti,
o por esa TU -que tal vez-
nunca existió mas que en mi mente...
Juanjo Braida 2012©
