viernes, 20 de diciembre de 2013

Crónicas de una noche de invierno.

Crónicas de una noche de invierno.

A esa hora, cuando la madrugada pesa, después de varias cervezas y de jugar a la guerra cual soldaditos de plomo, ella se incorporó repuesta, con peligrosa vitalidad. 
Vencido su maquillaje -tras la espectacular batalla- lucia aun más fresca, mas intensa, enormemente mas bella.
Con dulzura de ángel y una sensualidad femeninamente diabólica, encendíamos los motores y otra vez, sobre mi cuerpo el suyo, hizo de mi su juguete, su sumiso y amante esclavo.
Abandonamos la maltrecha cama para refugiarnos al calor de la hoguera encendida. Su ténue luz, iluminaba los cuerpos, que transpirados brillaban, y ardían también como leña.
De rodillas ante mi su imponente figura, con sus verdes ojos clavados en los míos, me gritaba en silencio que era mía; su boca recorrió mi cuerpo con tanto esmero y lujuria que creí explotar de pasión esa noche.
Minutos mas tarde, galardonando su ardiente modo de amar, sembré en las laderas de sus senos mis lujuriosas semillas, gametos sin gloria, que en el abrazo final, diluíanse en el mar de sudor de nuestros pechos, para al fin, desaparecer evaporados por el calor de la hoguera.
Después de aquel desborde, la bajamar, el café y la despedida.

Juanjo Braida 2013©