jueves, 16 de enero de 2014

Él, cansado de su muerto teléfono, decidió interceptarla, hacerle saber su verdad.
Cuando lo vio, su corazón se estrujó, sintió de golpe los mismos dolores en el pecho que su ausencia le había dado a él. Pálida temblaba, entre sorpresa y susto,entre culpa y recuerdo.
-He venido a decirte algo- dijo él, sin que ella pronunciara palabra.
-Te he escrito mas de lo debido, te he soñado hasta el desvelo, te he amado mas que a mi, todo eso lo he podido hacer, lo que aun no logro, es dormir sin sentir tu piel en mi costado, desayunar en la soledad de tu abandono, pero por sobre todo, mi mayor imposibilidad es la de no olvidarte-
Un sudor frío mojó sus manos, y a él, una lágrima lo delató una vez mas.
Se miraron un instante, notaron los años y los daños, que pasados y perdidos, se parecían mas a un sueño que a un recuerdo.
-Me voy- dijo ella,
-Como siempre!- respondió él en una irónica resignación.
Sus pasos (en opuestas direcciones), los alejaban una vez mas. Sus corazones, cansados, uno de amar sin poder y otro de fingir no amar, volvieron a retorcerse y doler, volvieron a arrugarse y sangrar, volvieron a vivir sin querer, a soñar sin saber y a sentir sin deber.

Juanjo Braida 2014©