miércoles, 2 de octubre de 2013

Confesiones adornadas.

Confesiones adornadas.

Aquí me encuentro, rodeado de ésta enorme y vacía soledad que roe mis huesos como un vulgar y hambriento perro callejero. Que desilusión me causa el hoy que cuando aun era mañana le veía tan distinto.

Mas no protestaré, ésta vez dejaré al destino hacer su labor, ¿qué mas puedo hacer?, mis escasas intenciones de cambio se estrellan contra los muros del tiempo, conviertiendose en fragmentos inútiles de esfuerzos cansinos, erróneos caminos que hube de haber tomado en el laberinto dantesco en que me encuentro.

Recuerdos caen ante mi, como cristales de hielo que se acumulan y esperan sigilosamente congelarme las esperanzas, que aunque pocas, abrigan timidamente lo profundo de mi pecho.

Miro con desgano desde mi ventana pasar la vida sin atreverme a salir. El sol se cuela por debajo de la puerta avisandome quizá que ha amanecido, en mi indiferente transcurrir le dejo saber que respiro aun y me volteo negando su presencia, en una reclusión voluntaria e indefinida.

Poco importa que sea primavera, adentro siempre hay hielo, y aun no amanece desde hace un par de inviernos. La última vez que desperté todo estaba en orden, mi casa era mi casa y yo era yo. Aun estaban mi sillón y mi estufa, la última siesta de Junio, los perros ladrando por ladrar y los niños sentados frente de la tele ajenos como yo a éste destino, al destierro y la soledad que se acercaban amenazantes y en silencio.

No muchos saben la historia que nunca cuento, me ven como a un extraño bohemio en quijotesca actitud indiferente. Me creen impermeable ignorando que éste barco que es mi existencia, hace agua en sus rincones y la bomba de achique (tragicamente quizá) dejó de funcionar hace tiempo.

No me dejo incomodar por los fantasmas que me visitan desde que no despierto, les converso en ocasiones para no temerernos mutuamente, al fin son ellos los compañeros fieles de éste oscuro sueño.

Por momentos creo despertar, me levanto jubiloso, sin palidez en mi rostro, lleno de alegría y con la vitalidad que solía tener por aquellos años. Pero lentamente se desvanece lo que parece una nueva realidad y se ve clarmente la imagen desfigurada de mis utópicas ambiciones. No es mas que otro sueño dentro de mi aparente eterno letargo.

Algun día quizá despierte y vea que valió la pena ésta siesta, que era necesaria, que revivió el tiempo las marchitas flores de mis esperanzas y solo quedó un recuerdo amargo con un dejo de tristeza. Talvés un día me levante heróico como el Ave Fénix renovado, repuesto. O quizá, tan siquiera me de la libertad de empezar de nuevo, de vivir sin pedir permiso, de ser otra vez aquel visionario emprendedor, el padre y hombre de familia que orgullosamente y con la frente en alto, salía al campo todos los días.

Quizás...

Juanjo Braida 2013

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.