Infierno.
Desde su infierno sin llamas
se precipitó a mis a brazos...
sin mas intención que amarme
sin mas deseo que quemarme.
Incrédulos mis ojos
contemplaron su mirada,
lo suyos tenían el frío color
del hielo invernal,
y su piel quemaba mis sueños.
Mis manos le recorrían
sin apuro, sin tiempo,
mientras la cama,
sumisa testigo de nuestro idilio
ardía presa de aquel amor
incendiariamente fugaz.
Juanjo Braida 2013
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