¡AYÚDALA FREUD!
Ella discutía sin argumentos,
-¡Ayúdala Freud!- le decía;
jamás comprendió mi epíteto disfrazado…
Casi carente de raciocinio,
pobre de espíritu
y con la necedad suficiente
para considerar su Yo como verdad absoluta.
Años de intentos truncos,
años de libros quemados,
años de versos borrados.
Sucesivos intentos frustrados
marchitaron su belleza,
su exterior aún me embelesaba,
pero su alma vacía la alejaba día a día.
El hilo débil que nos unió
se desgastó como nuestras sábanas;
poco a poco murió la llama.
-¡Ayúdala Freud!- le decía;
nunca comprendió mi epíteto disfrazado…
Sus abrazos sin calor,
sus palabras inconclusas,
vacías, carentes de sensibilidad
apagaron la intensidad
del fuego que nos unía.
-¡Ayúdala Freud!- le decía,
nunca comprendió mis palabras…
Juanjo Braida 2012©
Ella discutía sin argumentos,
-¡Ayúdala Freud!- le decía;
jamás comprendió mi epíteto disfrazado…
Casi carente de raciocinio,
pobre de espíritu
y con la necedad suficiente
para considerar su Yo como verdad absoluta.
Años de intentos truncos,
años de libros quemados,
años de versos borrados.
Sucesivos intentos frustrados
marchitaron su belleza,
su exterior aún me embelesaba,
pero su alma vacía la alejaba día a día.
El hilo débil que nos unió
se desgastó como nuestras sábanas;
poco a poco murió la llama.
-¡Ayúdala Freud!- le decía;
nunca comprendió mi epíteto disfrazado…
Sus abrazos sin calor,
sus palabras inconclusas,
vacías, carentes de sensibilidad
apagaron la intensidad
del fuego que nos unía.
-¡Ayúdala Freud!- le decía,
nunca comprendió mis palabras…
Juanjo Braida 2012©
