La noche me presto su mejor estrella sólo para que la viera brillar más cerca, que tontería cerrar los ojos al beso, y aún así, sentirse encandilado por su magia.
Con que facilidad espantan las dudas tus benditos demonios, es inevitablemente humano ser vulnerable a ese paraíso. O quizá, sin endiosarte, sea tan sólo falta de voluntad. En una de esas, tengo el si flojo o el no guardado para más adelante.
A lo mejor, la agonía y el desorden de la espera me dejó así, más blandito, más creyente, más indefenso a las trampas del yo.
Lo cierto es, que más allá de especulaciones innecesarias y sin fundamentos, me quema el recuerdo de tu boca, la sonrisa que regalas en abundancia y el perfume... el perfume.
Juanjo Braida 2020