Se estaba enfriando, no era el invierno ni las noches sin ella, sólo se estaba enfriando.
Aveces sentía que ardía, sobre todo cuando sonreía, cuando se permitía soñar, después simplemente se enfriaba.
Se encerraba en la oscura habitación de su pasado o se dejaba seducir por viejos demonios.
Se enfriaba, yo sabía perfectamente los por qué, quizá mi pecado era conocerla tanto.
Mientras se enfriaba ella, yo me alejaba en silencio y cabizbajo, y en mis adentros retumbaba en secreto algún reproche.
Se enfriaba y nos estábamos muriendo, se enfermaba de desdén aquel nosotros que venía tan bien, aquel que parecía que iba crecer hasta el cielo, estaba agonizando.
Yo permanecía en silencio, como un espectador, sabía que no era justo ni necesario tratar de encenderla, aún sabiendo que se estaba enfriando.