Tengo el mal hábito de escribir con más pasión que con la que vivo. O quizá, lo único que hago con pasión sea escribir. No lo se. En todos estas años no lo pude saber. Pero al final, es más un defecto que una virtud. Me hubiera gustado nacer con otro Don, algo más básico, no Se, ser un buen y apasionado albañil. Pero no, te da por escribir condenado! Se te antoja tentar los demonios, te parece excelente la oscuridad y el desvelo.
Me gusta el cigarrillo que fumo mientras pienso en esas pequeñas desgracias que paso al papel, mis versos negros, mis hijos favoritos, los que muestran el lado oscuro de la noche.
No obstante, es un problema. Es una adicción, un constante hablar en tinta, recurrente y solitario. Aveces pienso que sería mejor ser albañil, criar ovejas, o tan siquiera por capricho ser un poco menos evidente.