Te quiero me dijo, y no era necesario más que verla a los ojos para comprobarlo. Tampoco era necesaria mi absurda confesión de yo también, ni el desfile de besos en la boca que vendrían segundos más tarde.
Te quiero me dijo y tomo mi mano mientras nos sujetamos al barandal de los sueños. Ahora estamos tatuados pecho adentro, llevamos miradas clavadas en los ojos y expresiones impresas a fuego en la memoria.
Juanjo Braida 2020